A medida que crecemos y vivimos, las experiencias dolorosas de nuestra niñez son bloqueadas, como un mecanismo de defensa para no sentir dolor. De esta manera nos alejamos del dolor físico apartando nuestra conciencia de ésta parte del cuerpo, bloqueamos así nuestra angustia mental, tensando nuestros músculos y reprimiendo nuestros sentimientos en el subconsciente. Cuando reprimimos esa experiencia negativa de dolor, angustia, enojo, miedo o cualquier trauma, también lo filtramos en nuestro cuerpo físico.

La parte de nuestra psique (alma) asociada con esos traumas se congela en el momento que detenemos el dolor. Por lo tanto, esa parte no madura al mismo tiempo que nosotros. Eso es lo que se convierte en nuestro niño interior. Podemos encontrar muchas partes de nosotros que tienen diferentes edades. Si el evento sucedió cuando teníamos 7 años, esa parte de nuestra psique, todavía tiene 7 años de vida. Esta persona actuará como si tuviera esa edad siempre que evoque el mismo trauma, hasta que sea consciente y busque sanidad.

Volver al niño interior.

Para curar esas partes dañadas, se requiere volver a cada etapa de nuestra vida, para entender, cuando y como esos bloqueos fueron guardados en el subconsciente.

El siguiente paso, sería comprender la situación para cambiar esa experiencia en nuestra consciencia, llenando las necesidades de ese niño, consolándolo, apoyándolo, amándolo y poniéndolo al día, teniendo en cuenta los recursos y el conocimiento del adulto. A medida que logremos liberar a ese niño de los bloqueos, ataduras y complejos, nos iremos sintiendo cada vez mejor.

La máscara.

Todos traemos al nacer sentimientos de completa protección, seguridad y admiración, y durante nuestro proceso de maduración, esta seguridad empieza a desaparecer. Es sustituida por las voces de nuestros padres, hermanos, abuelos, voces que hablan de lo correcto e incorrecto, de lo bueno y lo malo.

Mientras nuestra psique infantil sustituye esa sabiduría innata, con un ego que funciona a través de patrones captados de las voces y acciones de las personas que nos rodearon, esto produce la máscara actual. Esta máscara, es la falsa identidad que creamos para agradar y poder amoldarnos a las exigencias externas, para evitar sentirnos amenazados y rechazados. Nuestra máscara es el resultado de las etapas con-dependientes, de cuando éramos verdadera y totalmente dependientes del mundo externo para poder sobrevivir y crear una identidad falsa.

Nuestra mente es la parte de nuestra psique, es la parte de nosotros denominado ego. Cuanto más distorsionada esté nuestra consciencia por el ego, más culpa y justificación tendremos para usar la máscara. Entre más nos justificamos y culpamos, más rechazo tendremos con respecto a lo que somos. Y como resultado, esto crea un círculo de dolor hacia nosotros mismos.

Es necesario demoler las paredes congeladas de la psique. Hacer esto significa viajar a través de nuestro sistema de defensa y limpiar los sentimientos almacenados ahí.

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